Josué Quevedo ante el reto de un Carnaval histórico
En apenas dos años, Josué Quevedo se ha convertido en una de las figuras centrales del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Asumió la dirección artística en 2024, en un contexto de cambios, exigencias crecientes y una presión pública que pocas veces se había sentido con tanta intensidad. Este 2025 afronta el reto más grande de su carrera: diseñar y coordinar el 50 aniversario del Carnaval capitalino, un reto que él mismo describe como “emocionante, pero también aterrador”. Con una visión que combina espectáculo, identidad, memoria y una fuerte apuesta por el Carnaval de calle, Quevedo reflexiona sobre el peso emocional y profesional de liderar la fiesta más importante de la ciudad.
Los comienzos de una responsabilidad enorme
La entrada de Josué Quevedo en la dirección artística del Carnaval fue vertiginosa. Su primer año fue, en sus propias palabras, “el más nervioso de su vida profesional”. No solo llegaba para sustituir a un equipo anterior consolidado, sino que además debía dirigir la fiesta fuera de su sede natural, el parque Santa Catalina. Un estreno lleno de retos logísticos, expectativas altísimas y decisiones que marcarían su camino.
Sin embargo, superada aquella primera edición, Quevedo se encontró con otro desafío aún mayor: encabezar la celebración del 50 aniversario del Carnaval. Un hito que, según reconoce, “no le toca dirigir a todo el mundo” y que implica una carga emocional profunda. Le preocupa no poder abarcar medio siglo de historia en apenas un mes de programación y teme que, al intentar ser justo con todo y con todos, algún sector pueda sentirse olvidado. Aun así, asume el reto con honestidad: “No quiero un aniversario solo para llorar; quiero que sea un homenaje alegre, lleno de vida”.

La presión de un listón que él mismo elevó
El Carnaval 2024 dejó un precedente exigente. La presencia de artistas internacionales como Maluma, Olga Tañón o Ráfaga situó el Carnaval en un nivel de proyección y espectáculo inéditos. Ahora, cada vez que Josué camina por la calle, la pregunta que le hacen es la misma: “¿A quién vas a traer este año?”.
Esa presión constante —a veces incluso obsesiva por parte del público— forma parte de su realidad diaria. Reconoce que le sorprende cómo una decisión artística se transforma rápidamente en una expectativa colectiva. No obstante, mantiene la calma y la determinación: “Si subes el listón, la gente no quiere bajar. Y ese es el trabajo: mantener el nivel sin perder la esencia”.
Fechas fijas, organización sólida y una visión estratégica del Carnaval
Una de sus aportaciones más relevantes ha sido la creación de un calendario estable: presentación del cartel en agosto, sorteo de grupos el 20 de diciembre, hitos del Carnaval comunicados con tiempo y claridad. Para él, fijar fechas es algo más que una cuestión logística: es cultura institucional.
Considera que el Carnaval es una industria, una maquinaria que mueve turismo, economía y empleo. Por eso insiste en que planificar con tiempo permite trabajar con operadores turísticos, equipos artísticos y empresas con una anticipación que la fiesta siempre ha necesitado. “No es un Carnaval que se organiza en enero porque empieza en febrero; detrás hay meses de trabajo duro”, afirma.
El valor de darle importancia a cada acto
Para Quevedo, cada pieza del Carnaval es esencial: el concurso de murgas, las comparsas, la Gala Drag, el cartel, la elección de la reina… todo merece la misma dignidad. Le molestan profundamente los discursos que cuestionan por qué se realizan galas para presentar un cartel o para actos que, según algunos, podrían resolverse en un simple anuncio.
Detrás de cada obra gráfica, explica, hay jóvenes diseñadores que dedican meses de esfuerzo y creatividad. Detrás de cada gala, un equipo que ensaya durante semanas. Por eso defiende que el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, como Fiesta de Interés Turístico Internacional, debe cuidar con mimo hasta el detalle más pequeño.
El Carnaval de calle: su obsesión y su bandera
Si hay un punto donde Josué Quevedo se muestra especialmente apasionado es en la defensa del Carnaval de calle. Cree firmemente que la fiesta “vive en la calle, crece en la calle y se legitima en la calle”. Considera que la edición anterior mostró un retorno claro de la ciudadanía: menos incidentes, más familias disfrazadas, un ambiente seguro y festivo que recordó los mejores tiempos del Carnaval.
Para él, recuperar la calle ha sido fruto del valor institucional, del apoyo de la concejalía, la alcaldía y de un equipo que apostó por propuestas nuevas y arriesgadas. La calle —dice— es la fuerza real que puede frenar críticas y que debe impulsar a la ciudad a defender su fiesta cuando sea necesario.
La presión política y el impacto emocional de vivir bajo la lupa
No todo ha sido celebración. Josué ha vivido episodios duros, como ataques políticos, cuestionamientos públicos e incluso denuncias a su contrato artístico, idéntico al de muchos otros profesionales que han trabajado durante décadas bajo gobiernos de distintos colores. Para él, esos momentos fueron injustos y emocionalmente devastadores: “¿Qué hice mal yo?”, se preguntaba.
Sin embargo, destaca el apoyo firme y constante de la institución, que lo ha protegido en momentos de vulnerabilidad.
Sabe que su trabajo se hace bajo lupa, pero defiende que lo único que lo guía es el amor por el Carnaval y la voluntad de hacerlo crecer sin miedo.
Un equipo que funciona como familia
Quevedo no habla nunca de sí mismo sin mencionar a su equipo. Describe un grupo entregado, apasionado y detallista, capaz de estar horas sin dormir y aun así mantener la sonrisa. Agradece a quienes lo acompañan en producción, regiduría, vestuario, escena y logística. También menciona gestos humanos que lo sostienen en momentos de saturación: “A veces no me acuerdo ni de comer, y siempre aparece alguien con un refresco o un bocadillo. Eso vale oro”.
Siente que ha tenido suerte porque se ha rodeado de gente que ama el Carnaval tanto como él. Para él, esa cohesión es la base que sostiene toda la estructura artística.
Un 50 aniversario para disfrutar… y para celebrar
A pesar de estar nervioso, Josué reconoce que tiene casi todo cerrado: la Gala de la Reina, la Gala Drag, la Gala Infantil, el Carnaval Canino y la obertura del 50 aniversario. Solo el pregón —su “dolor de cabeza creativo”— queda pendiente, aunque admite que ya tiene una idea que está madurando en silencio. (La entrevista fue realizada en septiembre de 2025)
La obertura, confiesa, emocionó a su equipo hasta las lágrimas cuando la contó por primera vez. Y aunque habrá momentos emotivos, su objetivo es claro: celebrar, no convertir el aniversario en un acto solemne.
Cuando le preguntan qué desea para este Carnaval tan simbólico, responde con la sinceridad de quien lleva meses sin dormir: “Quiero disfrutar como un niño pequeño. Disfrazarme, desconectar, y que las galas salgan al nivel que esta ciudad merece”.
Su deseo final no es técnico ni político: es humano, carnavalesco y profundamente honesto.
Un legado que empieza a escribirse
Aunque solo lleva dos ediciones como director artístico, Josué Quevedo ya ha dejado huella: una fiesta más visible, mejor organizada, más ambiciosa y con una apuesta firme por la calle. Su llegada coincide con una etapa de reivindicación del Carnaval como industria cultural y de retorno del espíritu popular.
Su trabajo aún se está escribiendo, pero su visión ya está marcada: un Carnaval valiente, emotivo, ordenado, creativo y profundamente ciudadano.
El 50 aniversario será la prueba definitiva.
Y Josué Quevedo está dispuesto a darlo todo para que la ciudad recuerde esta edición como un hito histórico.
