EditorialEntrevistas

Acompañar al Carnaval: diecisiete concursos con Dani Calero

¡Comparte con tu app favorita!

Hablar del concurso de murgas del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria es, inevitablemente, hablar de Dani Calero. Su voz ha acompañado fases, finales y momentos clave durante casi dos décadas, convirtiéndose en un referente reconocible para el público y para los propios grupos. Comunicador, presentador y amante declarado del Carnaval, Calero ha construido su trayectoria desde el respeto, la preparación y una profunda conciencia de la responsabilidad que implica subirse a un escenario tan exigente como el del parque Santa Catalina.

El primer salto: 2007 y la conciencia de lo que estaba en juego

El año 2007 marcó un antes y un después en la vida profesional de Dani Calero. Fue su primera vez al frente de la presentación del concurso de murgas, en una edición que recuerda con especial intensidad. Aquel debut no solo significó enfrentarse al público del Carnaval, sino comprender de golpe el peso simbólico de cada palabra pronunciada desde el escenario.

Una anécdota lo marcó especialmente: tras presentar a una murga con entusiasmo y provocar la respuesta unánime del público, un murguero se le acercó para advertirle de algo fundamental: todas debían ser presentadas por igual. Aquella conversación le hizo entender que su papel no era animar más a unos que a otros, sino garantizar equilibrio, respeto y justicia escénica. Desde entonces, esa idea se convirtió en uno de los pilares de su manera de trabajar.

Daniel Calero en una entrevista en Radio Carnaval Canarias y Factoría de Carnaval junto a pepe Aguilar, Helena Agullo y Javier Falero.

El público murguero: exigente, fiel y sin concesiones

Para Dani Calero, no hay público más exigente que el del concurso de murgas. Lo dice sin rodeos. A diferencia de otros actos del Carnaval, donde el ambiente es más festivo y colectivo, el público murguero analiza cada detalle: la presentación, el tono, el ritmo y hasta la intención de cada frase.

Esa exigencia obliga a una preparación extrema. Calero reconoce que llegó a memorizar la inmensa mayoría de los pasacalles y presentaciones de las murgas, no por exhibición, sino como una forma de respeto hacia los grupos y sus aficiones. Su objetivo siempre fue el mismo: calentar el ambiente sin alterar el equilibrio, acompañar sin protagonizar, sumar sin interferir.

Diecisiete concursos y una relación constante con el Carnaval

A lo largo de su trayectoria, Dani Calero ha presentado diecisiete concursos de murgas, además de finales, galas de la reina y participaciones puntuales en otros formatos del Carnaval. Aunque reconoce que no ha estado en todos los actos, su vinculación con el concurso murguero ha sido constante, incluso en los años en los que no ejercía como presentador.

Cuando no estaba sobre el escenario, estaba en el público. En fases, finales o incluso desplazándose a otros carnavales para seguir viviendo la fiesta desde dentro. Esa presencia continuada le ha permitido conocer la evolución del concurso, del público y del propio espacio escénico, desde los años del Estadio Insular hasta el parque Santa Catalina.

Las tablas, el miedo y el instante previo a salir a escena

A pesar de la experiencia acumulada, Calero no esconde que el miedo nunca desaparece del todo. Describe con precisión ese momento previo a salir a escena: el pinganillo, las órdenes de regiduría, la cuenta atrás y, finalmente, el impacto visual de una grada llena. Para él, ese instante sigue siendo uno de los más intensos del Carnaval.

Reconoce que el escenario impone, que Santa Catalina impresiona incluso a quienes han estado allí decenas de veces. Pero también admite que son precisamente esos nervios los que mantienen viva la responsabilidad y evitan la complacencia.

La televisión como escuela y punto de partida

Antes de consolidarse como una de las voces del Carnaval, Dani Calero se formó en el mundo de la comunicación a través de la televisión local. Su paso por Canal 9 Las Arenas fue clave en su desarrollo profesional, en una época que recuerda como una auténtica cantera de comunicadores.

Aquella etapa le permitió adquirir tablas, soltura y oficio, trabajando junto a nombres que hoy forman parte de la historia de los medios en Canarias. Más tarde, su salto a la Televisión Canaria amplió esa experiencia y reforzó su perfil como presentador, siempre ligado a formatos cercanos y al directo.

Las galas, los compañeros y la red de seguridad

Entre todas las galas que ha presentado, Calero guarda un recuerdo especial de su primera Gala de la Reina, en 2024. La define como una experiencia intensa, marcada por el trabajo previo y la confianza en el equipo. También reconoce que no todas las galas se viven igual: algunas pasan tan rápido que solo se comprenden al verlas después, ya con distancia.

En ese camino, destaca la importancia de los compañeros y compañeras que considera su “red de seguridad”, profesionales con los que se entiende con una mirada y que hacen posible sostener el ritmo de un directo tan complejo como el Carnaval.

El Carnaval y la vida: aprender a equilibrar

Espacio para una reflexión más íntima. Dani Calero habla de la importancia de aprender a poner límites, de no dejar que el Carnaval lo absorba todo. Reconoce que con los años ha adquirido una conciencia distinta sobre el tiempo, la familia y las prioridades personales.

Hoy compagina su relación con el Carnaval con nuevos proyectos creativos y, sobre todo, con algo que define como su “deporte favorito”: ver crecer a sus hijos. Una forma de entender la vida que no resta pasión a la fiesta, pero sí le aporta perspectiva.

Una voz que forma parte del paisaje del Carnaval

Sin necesidad de grandes gestos ni discursos grandilocuentes, Dani Calero se ha convertido en una figura reconocible y respetada del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Su trayectoria está marcada por la constancia, el aprendizaje continuo y una relación honesta con el público y con los grupos.

No se presenta como protagonista, sino como parte de un engranaje mayor. Y quizá ahí radica la clave de su permanencia: entender que el Carnaval es más grande que cualquiera de quienes se suben a su escenario, pero que necesita voces que sepan acompañarlo con respeto, oficio y verdad.