«De profesor de instituto y concejal de Limpieza a dirigir el Carnaval de LPGC: fue un tsunami y un máster acelerado de gestión»
El concejal de Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria repasa su inesperada llegada al cargo, las dificultades de organizar las carnestolendas y su estrecha vinculación personal con una fiesta que considera parte fundamental de la identidad de la ciudad.
Héctor Alemán nunca imaginó que terminaría siendo el responsable de organizar el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Su llegada a la Concejalía fue tan inesperada como el momento elegido para comunicárselo. La alcaldesa, Carolina Darias, le anunció su nueva responsabilidad instantes antes del encendido de las luces de Navidad, dejándolo prácticamente sin tiempo para reaccionar. Mientras la ciudad disfrutaba del espectáculo, él intentaba asimilar el reto que acababa de asumir.
Hasta entonces, Alemán había estado al frente de áreas como Limpieza y el Distrito Isleta-Puerto-Guanarteme. Aunque siempre había participado activamente en el Carnaval, reconoce que desconocía la verdadera dimensión de su organización. Su incorporación se produjo, además, con buena parte de los preparativos en marcha y apenas margen para familiarizarse con una estructura mucho más compleja de lo que había imaginado.

«Yo pensaba que esto era más sencillo, más fácil», reconoce al recordar sus primeros pasos. Licitaciones, escenarios, cuestiones judiciales, relaciones con los colectivos, problemas vecinales y coordinación de espectáculos conformaban una maquinaria que le obligó a realizar un aprendizaje acelerado.
El concejal admite que llegó a sentirse desbordado por la magnitud de las responsabilidades, aunque destaca el respaldo recibido por parte de los profesionales de la organización y de los propios colectivos carnavaleros.
La pasión de quienes viven el Carnaval todo el año
Uno de los aspectos que más sorprendió a Alemán fue descubrir el trabajo que desarrollan las agrupaciones durante los doce meses del año. Murgas, comparsas, batucadas, diseñadores y numerosos profesionales forman parte de una comunidad cuya dedicación va mucho más allá de las semanas de celebración.
El edil reconoce que, aunque conocía el ambiente carnavalero por su condición de vecino de La Isleta, nunca había profundizado tanto en la actividad de los grupos. Por ello, una de sus primeras decisiones fue visitar sus locales, conocer personalmente a sus integrantes y ponerse a su disposición.
Esta experiencia también cambió su percepción sobre la dimensión económica de las fiestas. Para Alemán, el Carnaval constituye una auténtica industria que moviliza recursos, genera actividad y mantiene vinculadas a numerosas personas y profesionales.
Los recuerdos de un carnavalero de La Isleta
Su relación con las carnestolendas comenzó mucho antes de asumir responsabilidades municipales. Alemán recuerda cómo seguía los concursos de murgas mientras estudiaba, alternando sus apuntes universitarios con las actuaciones de las agrupaciones. También conserva en la memoria el impacto de la primera Gala Drag Queen, que generó numerosos comentarios entre sus compañeros de instituto.
Entre sus recuerdos más entrañables figura un disfraz de mosquetero confeccionado por su abuela, que era costurera. El traje, con una capa roja y una cruz dorada, pasó de sus hermanos mayores a él y todavía permanece guardado en la casa familiar.
La Cabalgata también ocupa un lugar destacado en sus vivencias. Durante su adolescencia participaba acompañando a sus amigos detrás de las carrozas, disfrutando de una celebración popular que considera inseparable de la identidad del Carnaval capitalino.
Esa vinculación continúa actualmente. Alemán reconoce que, después de finalizar sus obligaciones institucionales, en ocasiones regresaba a su vivienda, se cambiaba de ropa y volvía a salir disfrazado para disfrutar de los mogollones. Vivir cerca de los escenarios nocturnos, asegura, supone una suerte y no una molestia.
Santa Catalina, la calle y la esencia del Carnaval
El concejal defiende abiertamente el carácter popular y participativo de las fiestas. Considera que el Parque Santa Catalina constituye uno de sus principales referentes y que la celebración al aire libre representa una característica diferenciadora del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria.
En este sentido, se muestra contrario a perder esa identidad trasladando los grandes espectáculos a recintos cerrados. A su juicio, los escenarios exteriores permiten desarrollar propuestas escenográficas y mantener una relación con la ciudad que difícilmente podría reproducirse en otros espacios.
También reivindica el modelo abierto de la Cabalgata, donde la participación ciudadana forma parte del propio espectáculo.
No obstante, reconoce que esta filosofía organizativa implica importantes dificultades. Las condiciones meteorológicas constituyen una de sus principales preocupaciones, especialmente después de experimentar retrasos y modificaciones en determinados actos por el viento y la lluvia.
A pesar de ello, destaca la profesionalidad de los equipos técnicos y la experiencia acumulada durante décadas para afrontar posibles imprevistos.
El Carnaval más allá de los escenarios
Alemán reconoce que asumir la Concejalía le ha permitido conocer una realidad que anteriormente apenas percibía como participante. Detrás de cada gala, concurso o cabalgata existe una extensa organización y un esfuerzo colectivo que comienza muchos meses antes de que se enciendan los focos.
También admite que su experiencia en la política municipal ha supuesto un importante proceso de aprendizaje. Profesor de Historia de profesión, recuerda jornadas de trabajo que comenzaban a primera hora de la mañana y se prolongaban hasta la madrugada durante sus primeros meses de responsabilidad pública.
Pese a las dificultades, asegura sentirse orgulloso de haber asumido la organización de una celebración especialmente significativa para la ciudad y para su propia trayectoria personal.
De aquel joven que seguía las murgas mientras estudiaba al concejal que debe garantizar que todo funcione sobre el escenario, Héctor Alemán ha descubierto las dos caras de una misma fiesta: la alegría de quienes salen a disfrutarla y el esfuerzo de quienes trabajan para hacerla posible.
Una experiencia que ha reforzado su admiración por los colectivos carnavaleros y su convencimiento de que el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria debe seguir siendo, ante todo, una celebración abierta, participativa y profundamente vinculada a sus calles y a su gente.
