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Juan Ramón Marichal – Manón Marichal: una vida contando el Carnaval entre micrófonos, murgas y humor

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La historia del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife también se ha escrito desde los estudios de radio, los platós de televisión y los micrófonos que durante décadas acercaron la fiesta a miles de hogares. Entre las voces que contribuyeron a construir esa memoria colectiva se encuentra Juan Ramón Marichal – Manón Marichal, comunicador, antiguo murguero y creador de uno de los certámenes más singulares del Carnaval chicharrero: el concurso de la Canción de la Risa.

Su trayectoria recorre algunas de las emisoras y televisiones que marcaron una época, desde Radio Club Tenerife y Radio Nacional de España hasta Radio y Televisión 21, Antena 3 y El Día Televisión. Una vida profesional desarrollada entre personajes humorísticos, retransmisiones históricas, programas carnavaleros y una relación muy cercana con las agrupaciones.

En una extensa conversación en nuestros estudios en el espacio Míster Carnaval con nuestro compañero Domingo Hernández, Manón recuerda sus comienzos, las personas que lo acompañaron, los momentos de mayor popularidad y las dificultades que también encontró. Pero, sobre todo, reivindica un carnaval que nunca ha dejado de echar de menos: el de las mascaritas, las murgas recorriendo las calles y el humor como protagonista.

De murguero a comunicador casi por casualidad

La llegada de Manón Marichal a los medios de comunicación no respondió a una carrera planificada. Fue el propio carnaval el que terminó abriéndole las puertas.

A comienzos de los años ochenta, Radio Club Tenerife era una de las grandes referencias de la información carnavalera. Profesionales como José Antonio Pérez y Pilar Socorro visitaban los locales de ensayo, entrevistaban a las agrupaciones y acercaban a los oyentes un ambiente que hoy recuerda con nostalgia.

Manón, que ya participaba en el mundo murguero, comenzó a intervenir espontáneamente en aquellas visitas. Su facilidad para improvisar, contar chistes y responder con ocurrencias llamó la atención de los profesionales de la emisora.

Fue Paco Padrón, entonces director de Radio Club Tenerife, quien decidió incorporarlo a la radio alrededor de 1983. Allí permaneció aproximadamente dos años, compartiendo entorno profesional con figuras como Juan Luis Calero.

Aquella experiencia confirmó que su manera natural de comunicarse podía funcionar ante un micrófono. No necesitaba interpretar un papel excesivamente elaborado: bastaban su espontaneidad, el conocimiento de las agrupaciones y una particular facilidad para encontrar el lado divertido de cualquier situación.

Radio Nacional de España y una generación de grandes profesionales

El siguiente paso llegó de la mano de Pilar Socorro, que fue incorporada a Radio Nacional de España y quiso contar con él.

Manón comenzó a participar en un programa de mediodía junto a la periodista y también en Carnaval Vivo, un espacio nocturno con Fabri Díaz.

Recuerda aquella época como un periodo en el que las emisoras contrataban a sus profesionales con salario y seguridad social, una realidad laboral que contrasta con las dificultades que encontraría posteriormente.

Cuando Pilar Socorro se trasladó a Madrid, su camino continuó en Radio 21, una emisora local situada en Tacoronte, donde trabajó con Juan Carlos Moreno y un equipo de jóvenes comunicadores.

La llegada de nuevos socios y la incorporación de la televisión transformaron el proyecto en Radio Televisión 21. Aquella evolución le permitiría dar uno de los saltos más importantes de su trayectoria.

Tele 21 y aquellos programas que hicieron historia

En Tele 21 participó en dos producciones que recuerda especialmente: El Kiosco del Carnaval y La Casa de Socorro.

El primero contó con la participación de Pilar Socorro y otros profesionales, entre ellos Estíbaliz Pérez. Manón lo describe como una auténtica locura televisiva, un espacio que rompía con los formatos convencionales y trasladaba a la pantalla el ambiente desenfadado de la fiesta.

El éxito de aquellos programas terminó abriéndole las puertas de Antena 3, donde desarrollaría una etapa de enorme proyección pública.

Sin embargo, parte de aquel patrimonio audiovisual se perdió. Según recuerda, la reutilización de las cintas de Tele 21 provocó la desaparición de numerosos programas. La posibilidad de recuperar algunas grabaciones conservadas por particulares representa hoy una oportunidad para reconstruir una parte de aquella historia.

Para alguien que dedicó tantos años a comunicar el carnaval, saber que muchas de aquellas imágenes desaparecieron continúa siendo una circunstancia especialmente dolorosa.

Antena 3: popularidad, personajes y televisión en directo

Su etapa en Antena 3 representó uno de los momentos de mayor reconocimiento profesional.

Allí desarrolló programas vinculados al Carnaval en los que alternaba su faceta de presentador con personajes humorísticos inspirados en Floro, aunque utilizando diferentes nombres y caracterizaciones.

No se trataba simplemente de interpretar un personaje. Manón había construido una manera de comunicar basada en la improvisación, la cercanía y la capacidad para conectar con el público desde el humor.

La dimensión que tenía Antena 3 en aquellos años convirtió sus apariciones en acontecimientos muy seguidos. Recuerda incluso cómo, durante una visita a Corralejo, en Fuerteventura, unos jóvenes lo reconocieron como el hombre de la televisión.

La popularidad también se manifestaba en la calle, donde le pedían fotografías y autógrafos. Pero asegura que apenas tenía tiempo para disfrutar de aquella fama: sus jornadas estaban dominadas por el trabajo y la preparación de los programas.

Décadas después, todavía encuentra personas que lo identifican con aquella etapa. Para él, ese reconocimiento espontáneo tiene un valor especial, porque significa que algo de lo que hizo continúa formando parte de los recuerdos de los espectadores.

La final de murgas de 1993: una experiencia inolvidable

Entre sus recuerdos televisivos destaca especialmente la retransmisión de la final del concurso de murgas del carnaval 1993 de Santa Cruz de Tenerife.

Fue una experiencia diferente a sus intervenciones habituales. En aquella ocasión no aparecía caracterizado como un personaje humorístico, sino como un locutor que realizaba conexiones desde una de las gradas, junto al jurado.

Recuerda perfectamente la gabardina que llevaba aquella noche y el frío que pasó durante la retransmisión.

Pero, por encima de aquella anécdota, conserva la satisfacción de haber participado en uno de los grandes acontecimientos del Carnaval desde una televisión con una enorme capacidad de difusión.

Aquella etapa también le permitió coincidir con destacados profesionales de la comunicación, como Matías Prats, Joaquín Prat o Susanna Griso, además de compañeros como Víctor Padrón, Juan Carlos Castañeda y Luis Pablo Morales.

Manón recuerda aquellas experiencias como auténticas clases de televisión. Observar cómo preparaban sus informativos, cómo trabajaban ante las cámaras y cómo resolvían las situaciones del directo representó un aprendizaje que difícilmente habría encontrado en otro lugar.

Cuando le dijeron que era demasiado mayor para hacer Carnaval

No todos los recuerdos de Antena 3 son agradables.

Uno de los momentos que más lo marcaron llegó cuando, tras un cambio en la dirección de la cadena en Canarias, le comunicaron que no seguirían contando con él para los programas carnavaleros porque consideraban que era demasiado mayor.

Aquella decisión le resultó especialmente incomprensible.

Su respuesta fue defender que el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife no tiene edad y que cualquier persona, independientemente de sus años, puede participar y comunicar la fiesta.

Aunque respetó la decisión profesional, reconoce que la forma en que se produjo le hizo daño.

No fue el único obstáculo que encontró. Con el paso del tiempo, el modelo de producción televisiva también comenzó a cambiar. Algunas cadenas exigían a los profesionales pagar por los espacios de emisión y financiar los programas mediante publicidad.

Manón cuestionaba aquella fórmula, porque suponía asumir un riesgo económico importante para poder trabajar.

La Esquinita de Manón: televisión hecha con amistad

Tras su etapa en Antena 3 continuó vinculado a diferentes medios, entre ellos El Día Televisión, donde desarrolló La Esquinita de Manón.

El programa se grababa semanalmente en Casa Peter, un establecimiento situado en la calle La Noria, cuyo responsable, Pedro de la Rosa, cedía gratuitamente el espacio.

Las grabaciones reunían público y permitían mantener vivo un formato cercano, construido alrededor de las conversaciones, los personajes y el ambiente carnavalero.

Pero aquella producción también exigía recursos. Había que contar con cámaras, iluminación, maquillaje y profesionales capaces de sacar adelante el programa.

Manón recuerda especialmente la colaboración desinteresada de Alejandra, que se encargaba del maquillaje sin cobrar. Otros servicios sí debían remunerarse, por lo que los ingresos terminaban destinados a cubrir los costes de producción.

Según explica, él no obtuvo beneficios económicos de aquel espacio.

Posteriormente, mientras trabajaba como funcionario en el organismo municipal de Fiestas, recibió la indicación de que su actividad televisiva era incompatible con su puesto. Aunque no compartía aquella interpretación, decidió abandonar la televisión para evitar problemas laborales.

Fue una decisión difícil, pero priorizó la estabilidad de su empleo.

Los Singuangos: la murga que sí le abrió las puertas

Antes de convertirse en una voz conocida de los medios, Manón había vivido el Carnaval desde dentro de una murga.

Su entrada en ese mundo estuvo llena de situaciones que todavía recuerda con humor.

A comienzos de los años ochenta, Octavio Pérez Bacallado, compañero suyo de fútbol sala y vinculado a Triqui Traques, lo animó a presentarse a una prueba.

La primera oportunidad fue precisamente en Triqui Traques. Allí su entonces director Rafa González le pidió que cantara “Doce cascabeles”, pero la prueba no salió como esperaba y le comunicó que aquello de las murgas no parecía ser lo suyo.

Después de salir de Triqui Traques, se fue a Los Pilongos, aunque tampoco terminó convencido del ambiente que encontró.

Finalmente llegó a Los Singuangos, donde conocía a varios componentes por el fútbol sala y el entorno del barrio. En esta ocasión interpretó Mi limón, mi limonero ante José Antonio González – El Flaco.

Y consiguió entrar.

Participó en el grupo durante los primeros años ochenta y, después de una interrupción por circunstancias personales, regresó en 1984. Permaneció vinculado a Los Singuangos hasta aproximadamente 1990, cuando las obligaciones laborales y su creciente actividad en los medios hicieron imposible continuar.

Fue una etapa decisiva para su relación con el Carnaval.

La rivalidad con Mamelucos y las amistades que permanecieron

De aquellos años recuerda especialmente la rivalidad entre Los Singuangos y Mamelucos, dos murgas que protagonizaron intensos enfrentamientos carnavaleros.

Sin embargo, Manón matiza que muchas veces las rivalidades eran más fuertes entre las aficiones que entre los propios componentes.

Su relación personal con integrantes de la otra murga fue siempre muy buena. Entre ellos recuerda a Manolo Peña, Luis Maya “El Medusa” y Andrés Escobar “El Tumbadora”, con quienes mantuvo amistades que continuaron mucho después de abandonar los concursos.

Incluso llegó a presentar disfraces de Mamelucos.

Aquella convivencia entre competencia y amistad representa una forma de entender el mundo murguero que ha acompañado a Manón durante toda su vida: sobre el escenario puede existir rivalidad, pero fuera de él debe prevalecer el compañerismo.

La Canción de la Risa: recuperar el humor perdido

Si existe una aportación especialmente reconocible de Manón Marichal al Carnaval de Santa Cruz de Tenerife es la creación del concurso de la Canción de la Risa.

La idea nació de una preocupación que llevaba tiempo observando: las murgas estaban dedicando cada vez más espacio a la crítica política y social, mientras el humor, la ironía y el doble sentido perdían protagonismo.

Manón no rechazaba la crítica. Lo que echaba de menos era la capacidad de hacer reír a través de ella.

Por eso imaginó un concurso en el que el humor fuera la condición principal. Si una canción contenía crítica, debía resultar divertida por la manera de plantearla.

Para ponerlo en marcha adaptó parte de las bases de los concursos murgueros, incorporando las particularidades necesarias para el nuevo formato. La propuesta recibió el respaldo institucional correspondiente y comenzó su andadura.

Aquella primera edición estuvo marcada por los nervios.

Solo se inscribieron cinco grupos y uno de ellos estuvo a punto de retirarse el mismo día del certamen. Manón tuvo que convencer a sus integrantes para que finalmente actuaran.

La tensión fue tal que pasó prácticamente toda la noche caminando alrededor del Teatro Guimerá, sin atreverse a presenciar las actuaciones. Le pidió a su mujer que lo avisara cuando terminara.

Cuando entró, recibió el aplauso del público.

A partir de entonces, el certamen fue creciendo. Se incorporaron nuevos grupos, aumentó el nivel de las actuaciones y aparecieron formaciones capaces de convertir el humor carnavalero en auténticos espectáculos.

Entre sus recuerdos aparecen Los Hijos del Buda, Los Legías, La Familia Monster, participantes procedentes de diferentes murgas y propuestas como Cornucas Atómicos.

Lo que comenzó como una apuesta incierta terminó convirtiéndose en uno de los concursos más esperados del Carnaval.

El funcionario que conocía las dos caras de la fiesta

Su relación profesional con el organismo municipal de Fiestas le permitió conocer el Carnaval desde una perspectiva diferente.

Pasó por distintos departamentos y terminó trabajando de cara al público en el registro de documentación.

Para Manón, haber sido murguero y comunicador facilitaba enormemente el trato con las agrupaciones. Conocía sus inquietudes, entendía sus problemas y sabía lo que significaba preparar una actuación durante meses.

Pero también descubrió la otra cara de la fiesta: la organización, los procedimientos administrativos y las decisiones necesarias para coordinar acontecimientos de grandes dimensiones.

Durante la entrevista distingue entre el Carnaval que funciona desde las instituciones y aquel que nace espontáneamente en la calle. Considera que ambos necesitan convivir, aunque siempre ha sentido una especial predilección por el segundo.

Entre las personas con las que trabajó recuerda con particular afecto al gerente Juan Viñas, de quien destaca su memoria, su capacidad organizativa y su condición de carnavalero.

También valora la cercanía del concejal Norberto Plasencia con los trabajadores del organismo y su preocupación por sus condiciones laborales.

Sin embargo, su jubilación dejó una pequeña espina personal. Después de tantos años de servicio, echó de menos una despedida entre compañeros.

No reclamaba un reconocimiento oficial, sino un momento compartido con las personas con las que había trabajado durante tanto tiempo.

A pesar de ello, asegura haberse marchado con la cabeza alta y la conciencia tranquila.

El Payasito de Plata y los reconocimientos

A lo largo de su trayectoria recibió diferentes reconocimientos, aunque asegura que nunca ha sido especialmente dado a exhibirlos.

Entre todos conserva con especial cariño el Payasito de Plata que le entregó Enrique González director de la Afilarmonica Nifú-Nifá, un galardón que sitúa, según su recuerdo, alrededor de 2003.

El reconocimiento destacaba su contribución al Carnaval de Santa Cruz de Tenerife.

Manón recuerda con humor que su mujer suele guardar los premios porque ya no hay espacio suficiente para colocarlos, pero aquel quiso conservarlo a la vista.

Más allá de los galardones, considera que uno de los mayores premios es que alguien lo reconozca por la calle después de tantos años.

Que una persona todavía recuerde sus programas, sus personajes o alguna retransmisión significa para él que todo aquel esfuerzo tuvo sentido.

Diablos Locos: una familia carnavalera

Entre las agrupaciones con las que mantiene una relación especialmente estrecha se encuentra la murga Los Diablos Locos.

Su vínculo comenzó durante su etapa en Radio Nacional de España y se fue fortaleciendo gracias a la cercanía de personas como el que fuera su director y alma mater Tomás Carvajal – Tom Carvy, su mujer Bolodia, Candelaria y Maxi Carvajal quien sucedió a su padre como director y actualmente presidente de ese colectivo.

Recuerda especialmente a Bolodia, a quien describe como una mujer generosa, humilde y siempre dispuesta a compartir lo que tenía. Sus arepas y su buen humor acompañaron numerosas noches carnavaleras.

La relación con aquella familia trascendió lo profesional.

Manón explica que siempre lo trataron como si fuera un componente más de Diablos Locos. Esa confianza terminó llevándolo a participar habitualmente como presentador de las fantasías de la agrupación.

Su presencia en aquellas presentaciones no responde únicamente a una colaboración artística, sino a una historia de amistad y afecto que se ha mantenido durante décadas.

El recuerdo de quienes ya no están sigue ocupando un lugar muy importante en esa relación.

María José, el apoyo imprescindible detrás del micrófono

Cuando habla de los sacrificios personales que exigió su carrera, Manón dirige inmediatamente el reconocimiento hacia su mujer, María José.

Las grabaciones de televisión y los programas de radio se desarrollaban frecuentemente durante la noche. Había jornadas que, según recuerda, podían alcanzar las diecinueve horas de trabajo.

Mientras él estaba en estudios, retransmisiones o grabaciones, María José asumía buena parte de las responsabilidades familiares, especialmente cuando sus hijos eran pequeños.

Por eso considera que muchos de los reconocimientos que ha recibido deberían corresponderle también a ella.

Sus hijos, explica, han sido siempre críticos con su trabajo, pero con el paso de los años han comprendido el esfuerzo profesional que había detrás de aquellos programas aparentemente desenfadados.

Para Manón, el respaldo familiar fue imprescindible para sostener una trayectoria tan exigente.

El Carnaval que Manón Marichal echa de menos

Cuando se le pregunta qué cambiaría del Carnaval actual, su respuesta conduce inevitablemente a los recuerdos.

Echa de menos el Carnaval de las mascaritas, de las personas con la cara tapada que salían simplemente a divertirse, de las murgas recorriendo la calle La Rosa y de las familias que disfrutaban de la fiesta desde primeras horas de la tarde.

Recuerda un Carnaval que se extendía por diferentes calles, con menos restricciones y una presencia mucho más espontánea de la ciudadanía.

También añora las canciones murgueras construidas alrededor del humor y la ironía.

Su visión no está exenta de preocupación por la seguridad. Considera que determinados comportamientos violentos han modificado la tranquilidad con la que antes se disfrutaba de la fiesta.

Desde su experiencia en los medios recuerda situaciones relacionadas con personas que acudían armadas a las celebraciones, episodios que reforzaron su preocupación por esa transformación.

No pretende negar la evolución del Carnaval, pero sí reivindicar algunas de las características que considera fundamentales: libertad, participación popular, convivencia y diversión.

Un sueño pendiente: volver a cantar para hacer reír

Después de tantos años de Carnaval, Manón considera que ha cumplido prácticamente todos sus sueños.

Fue murguero, trabajó en grandes emisoras, participó en retransmisiones históricas, creó programas televisivos y puso en marcha un concurso que continúa celebrándose.

Sin embargo, todavía contempla una posibilidad que le haría especial ilusión.

Cuando llegue el momento de dejar su vinculación organizativa con la Canción de la Risa, le gustaría participar como integrante de alguno de los grupos.

No busca regresar a los ensayos interminables ni a las exigencias de las grandes murgas competitivas. Imagina un grupo de amigos que se reúna durante meses para preparar canciones, compartir ensayos y disfrutar haciendo reír.

De alguna manera, sería regresar al punto de partida.

A aquel joven que a comienzos de los ochenta intentó entrar en Triqui Traques, pasó por Los Pilongos y finalmente encontró su sitio en Los Singuangos.

Una vida dedicada a comunicar la alegría del Carnaval

La trayectoria de Manón Marichal permite recorrer varias décadas de la historia reciente del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife desde una perspectiva poco habitual.

Ha conocido la fiesta como murguero, comunicador, presentador, creador de un concurso y trabajador de su organización municipal.

Ha vivido el reconocimiento público, las dificultades profesionales, las largas noches de grabación y las amistades que permanecen cuando se apagan los focos.

Pero su manera de entender el Carnaval continúa siendo esencialmente la misma.

Para Manón, la fiesta no se construye únicamente con grandes espectáculos, escenarios o retransmisiones televisivas. También se alimenta de las pequeñas historias de quienes salen a la calle, de los locales de ensayo, de las familias carnavaleras y de las personas que dedican buena parte de su vida a mantener viva una tradición.

Quizá por eso, después de tantos años frente a un micrófono, sigue defendiendo el valor del humor como una de las expresiones más auténticas del Carnaval.

Porque antes que un rostro conocido de la televisión o una voz reconocible de la radio, Manón Marichal fue, y continúa siendo, un carnavalero.

Y su historia demuestra que, en ocasiones, la mejor manera de contar el carnaval es haberlo vivido primero desde dentro.